History of the Garafiano Shepherd Dog
1. La Palma antes y después de la conquista
Antes de la conquista castellana, La Palma estaba habitada por los benahoaritas, cuya forma de vida incluía la ganadería y una estrecha relación con el medio natural de la isla.
La conquista, culminada en 1493, transformó profundamente la sociedad insular. Benahoare, nombre con el que se conoce al territorio indígena, pasó a integrarse en la Corona de Castilla, y la isla recibió históricamente la denominación de San Miguel de La Palma.
Durante los siglos posteriores, el poblamiento europeo incorporó a la isla personas y animales procedentes de distintos lugares. Entre las procedencias de los nuevos pobladores se encontraban Galicia, Portugal, Mallorca, el País Vasco y Castilla. Asimismo, durante el siglo XVI se desarrollaron importantes relaciones comerciales con Flandes, vinculadas especialmente al cultivo y comercio del azúcar.

Mapa antiguo de La Palma extraído del Atlas de Von Buch de 1814.
Los posibles orígenes e influencias del perro pastor palmero
En su reconstrucción histórica del Pastor Garafiano, se plantea que junto a los perros que pudieron existir en la isla antes de la conquista, la llegada de pobladores europeos pudo introducir otros animales que contribuyeran a la formación del perro pastor tradicional.
Entre las posibles influencias se mencionan perros portugueses, como el Cão da Serra da Estrela; perros pastores vascos; careas ibéricos, utilizados tradicionalmente en el manejo del ganado, y posibles antepasados de los que posteriormente se desarrollaron las actuales variedades de pastor belga.
Estas referencias deben entenderse como posibilidades históricas, no como una genealogía demostrada. La documentación consultada no permite confirmar qué tipos de perros llegaron a La Palma, cuáles se cruzaron con los que ya existían ni qué contribución concreta pudo realizar cada uno a la formación del Pastor Garafiano.
Lo que cabe destacar es que, durante generaciones, los perros utilizados por los pastores estuvieron sometidos a una selección condicionada por su utilidad y adaptación al medio. En una sociedad ganadera con recursos limitados, se valoraban especialmente los animales capaces de trabajar con el ganado y desenvolverse por barrancos, laderas y cumbres.
De esta relación entre el perro, el pastor y el territorio surgió una población canina adaptada a las necesidades del pastoreo insular, que constituye el antecedente histórico del perro que, siglos después, sería objeto de un proceso organizado de recuperación.

Antiguo perro lobo en La Palma.
2. El perro de los cabreros
Durante generaciones, los cabreros palmeros contaron con la ayuda de unos perros que recorrían junto a ellos los caminos, barrancos y montes de la isla. Eran animales criados principalmente por su utilidad en el trabajo con el ganado, capaces de ayudar a conducir los rebaños por terrenos difíciles y de acompañar al pastor durante sus largas jornadas.
Popularmente se les conocía como «perros lobos», una denominación que se mantuvo durante mucho tiempo en La Palma. No era todavía el nombre de una raza oficialmente reconocida, sino la forma habitual de referirse a aquellos perros de pastor.
Según la reconstrucción histórica realizada por Antonio Manuel Díaz Rodríguez, estos perros constituían una población canina adaptada a las condiciones de la isla y seleccionada, generación tras generación, por su utilidad y comportamiento en el pastoreo. En una época en la que los recursos eran limitados, no se daba prioridad a la belleza ni a la apariencia, sino a la capacidad del animal para trabajar con el ganado y desenvolverse en el terreno. Los ejemplares más apreciados eran aquellos que cumplían mejor su función junto al cabrero.
Sin embargo, durante buena parte del siglo XX no existía una conciencia generalizada de que aquellos perros tradicionales representaban un patrimonio ganadero propio que merecía ser conservado. Mientras aumentaba el interés por razas llegadas de fuera, las características singulares de los perros de los cabreros no siempre recibían el reconocimiento que merecían.

Antonio Díaz con Lobo, Mazo. 1950. Archivo Pellagofio.
3. El declive de la raza
A mediados del siglo XX comenzó una etapa decisiva para el futuro del perro pastor tradicional de La Palma. Según el relato de Antonio Manuel Díaz Rodríguez, a partir de 1954 empezaron a llegar a la isla perros de raza Pastor Alemán, cuyo aspecto llamaba poderosamente la atención.
En una época en la que se valoraba cada vez más lo que venía de fuera, comenzaron a realizarse cruces entre aquellos perros y los antiguos "perros lobos" de los cabreros. Los ejemplares resultantes llamaban la atención por su apariencia, pero también se alejaban de las características del perro tradicional que durante generaciones había acompañado al pastor.
El proceso avanzó rápidamente. En apenas unos veinticinco años, el perro pastor antiguo estuvo cerca de desaparecer, diluido entre los cruces y la pérdida progresiva de sus características propias.
Fueron los propios cabreros quienes advirtieron de las consecuencias. Se quejaban de que los perros cruzados presentaban comportamientos muy distintos a los de los antiguos perros de pastor, llegando a describirlos como excesivamente agresivos. Según recordaba Antonio Manuel, los pastores insistían en que aquellos perros "no eran iguales a los de antes".
Estas quejas, unidas a la preocupación por la pérdida de un patrimonio ganadero propio de La Palma, despertaron la necesidad de actuar. Si se quería conservar el perro pastor tradicional, era necesario localizar los ejemplares que todavía mantenían sus características, estudiarlos y establecer un proceso de recuperación antes de que fuera demasiado tarde.
4. Antonio Manuel y el inicio de la recuperación
En torno a 1980, la preocupación por la desaparición de las razas ganaderas autóctonas comenzó a impulsar iniciativas para conservar el patrimonio animal de Canarias. En La Palma, las advertencias de los cabreros sobre los cambios en el comportamiento de los perros cruzados, que ya no trabajaban como los de antes, pusieron de manifiesto la necesidad de actuar.
Antonio Manuel Díaz Rodríguez fue una figura decisiva en el inicio de este proyecto. Conocedor de los perros tradicionales de la isla y preocupado por su progresiva desaparición, impulsó, junto con Juan Francisco Capote Álvarez y otros colaboradores, la recuperación del antiguo perro de pastor palmero.
Así nació el Grupo de Trabajo para la Recuperación del perro pastor tradicional, en el que participaron veterinarios, ganaderos, aficionados a la cinología y otras personas comprometidas con la conservación de las razas autóctonas.
Uno de los primeros pasos fue darle un nombre propio a la raza, dejando atrás la denominación genérica de "perro lobo". Se eligió el nombre de "Pastor Garafiano" porque en la comarca de Garafía, debido a su aislamiento, se tenía constancia de que se habían conservado algunos de los mejores ejemplares del perro pastor tradicional. De esta manera, el nombre de la comarca pasó a identificar a la raza que el grupo pretendía recuperar.
El objetivo era evitar que desapareciera un perro que había acompañado durante generaciones a los pastores de La Palma. Para conseguirlo, era necesario conocer sus características tradicionales, localizar los ejemplares más representativos y establecer un proceso de selección que permitiera recuperarlas.
Aquel esfuerzo colectivo, impulsado por Antonio Manuel Díaz Rodríguez y apoyado por otras personas comprometidas con la conservación del patrimonio ganadero, sentó las bases del proceso organizado de recuperación del Pastor Garafiano.

Antonio Manuel en la primera Muestra Insular.
5. El trabajo de recuperación
Una vez constituido el Grupo de Trabajo para la Recuperación del Pastor Garafiano, comenzó una labor de investigación destinada a conocer cómo eran los antiguos perros de los cabreros y localizar los ejemplares que todavía conservaban sus características tradicionales.
El primer paso fue entrevistar a cabreros, ganaderos y personas mayores que conocían la raza antes de 1950. En total participaron 37 informantes, cuyas respuestas permitieron reconstruir las características, el comportamiento y la utilidad de aquellos perros. La coincidencia de sus testimonios sirvió para elaborar un primer avance del estándar racial, que orientaría la búsqueda de ejemplares.
A continuación, los integrantes del grupo recorrieron numerosos lugares de La Palma, incluidos los más apartados, buscando perros que respondieran a ese modelo. Los ejemplares localizados se examinaban, fotografiaban y registraban; también se tomaban sus medidas y se recopilaba información sobre su ascendencia y su capacidad para trabajar con el ganado.
De los 72 perros registrados, solo un reducido número reunía las características que se buscaban. La situación era difícil: algunos ejemplares prometedores habían sido castrados y otros eran demasiado viejos para reproducirse. La recuperación dependía, por tanto, de aprovechar los perros disponibles y localizar descendientes que conservaran sus características.
La colaboración de los propietarios resultó fundamental. Muchos facilitaron sus animales para los apareamientos previstos y algunos cedieron ejemplares o cachorros para incorporarlos al programa de reproducción. Gracias a esta implicación fue posible establecer una base de cría con la que continuar el trabajo de recuperación.
Paralelamente, se impulsaron publicaciones, la participación en muestras y exposiciones y la difusión de información sobre la raza. También fueron importantes los estudios zootécnicos y morfológicos promovidos por el profesor José Luis López Fernández, de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, que contribuyeron a sentar las bases técnicas del estándar.
Este conjunto de actuaciones permitió pasar de una población amenazada y escasamente reconocida a un proyecto organizado de conservación, selección y difusión del Pastor Garafiano.

Vivienda de Don Antonio Manuel durante el periodo de recuperación de la raza.
6. El reconocimiento oficial de la raza
Tras años de trabajo de recuperación, estudio y divulgación, el Pastor Garafiano comenzó a obtener el reconocimiento que merecía como parte del patrimonio ganadero de Canarias.
El 29 de abril de 2003, el Comité de Razas de Ganado de España acordó su reconocimiento como raza autóctona española. Poco después, el 18 de mayo de ese mismo año, la Real Sociedad Canina de España acordó el reconocimiento formal de la raza y autorizó los reconocimientos iniciales de ejemplares. Estos hitos supusieron un avance decisivo para su identificación y difusión, después de años de trabajo por parte de la Asociación y de las personas implicadas en la recuperación.
También en 2003, el Gobierno de Canarias reconoció oficialmente a la Asociación Española del Pastor Garafiano como organización de criadores encargada de llevar los registros genealógicos de la raza. Este reconocimiento permitió dar continuidad institucional al trabajo de identificación, selección y conservación de los ejemplares.
El siguiente hito llegó en 2004. Mediante la Orden APA/807/2004, de 24 de marzo, publicada en el Boletín Oficial del Estado número 77, de 30 de marzo, el Pastor Garafiano quedó incorporado oficialmente al listado de razas caninas españolas junto con su prototipo racial.
El reconocimiento fue el resultado de un esfuerzo colectivo que reunió el conocimiento de los cabreros, el trabajo de los criadores, la investigación veterinaria y la perseverancia de quienes comprendieron que aquel perro tradicional constituía un patrimonio propio que no debía perderse.
Desde entonces, la conservación del Pastor Garafiano ha continuado mediante el estudio de la raza, la selección de ejemplares y la revisión de su prototipo racial, con el objetivo de mantener sus características propias y su funcionalidad como perro de pastoreo.
